jueves, 17 de noviembre de 2011

Casi el paraíso




Pues bien, ayer terminé de leer Casi el paraíso de Luis Spota. Este libro es especial para mí. ¿Por qué? muy sencillo: fue el primer libro que leí de cabo a rabo hace casi 20 años. Mi papá, dentro de sus libros, tenía por alguna razón Casi el paraíso. Un día simplemente me dijo que lo leyera, y lo leí. No recuerdo exactamente que edad tenía en ese entonces, algunos 16 o 17 años. El punto es que leí el libro y luego leí quizá algunos otros, pero de alguna manera este libro de Spota despertó en mi un deseo, un amor por los libros; que no haya continuado con ese hábito por mucho tiempo y que cuando leía fuera solo para pasar mis clases, es otra historia.

Del libro tenía vagos recuerdos. Recordaba, por ejemplo, el principio y luego algunas cosas aisladas. Pero el final o la trama en general sí que los había olvidado. Pero para ser sincero compré el libro de Spota más que por recordar la historia por despertar algún recuerdo olvidado. Y solo vine a reafirmar lo que ya sabía: que el libro es excelente.

La narración está situada dos planos diferentes. Por un lado está la historia de Ugo Conti, un principe italiano oscuro y seductor, quien con su alcurnia y suaves maneras conquista a la sociedad mexicana de los años 50s ávida de nobleza y aristocracia. Por el otro lado está la historia de Amadeo, un joven italiano hijo de una prostituta, que se gana la vida escamoteando aquí y allá en una Italia posguerra. Al final la historias convergen en un mismo punto, y todo se resume en un relato bien contado que deja buen sabor.

A leer más y mejor.

lunes, 24 de octubre de 2011

Los adioses



Este mes de octubre ha estado cargado de cumpleaños y festejos. He asistido (o al menos eso creo) a cuatro comidas y un par de festejos de cumpleaños, y eso que el mes aún no termina. Así que veremos que más resulta de aquí al lunes.

Hace un par de días terminé Los adioses de Juan Carlos Onetti, y me ha parecido,
más que por el contenido por la forma, un libro excelente. La trama de la historia, desde mi punto de vista muy personal, me parece un tanto intrascendente; la manera de contarla y los recursos para hacerlo son, por otro lado, dignos de elogiar. Onetti utiliza El punto de vista del testigo para narrar la historia. Es decir, elige a un observador que ayudado por otros personajes-observadores van contando su versión de la historia, lo que ellos creen que sucede. Y resulta sumamente interesante la forma como el autor hace cómplice al lector, lo atrapa para hacer de él (o de mí) otro personaje más, por así decirlo.

La novela trata de un tuberculoso que llega a un poblado buscando, aparentemente, sanar. Al poco tiempo de su llegada comienza a recibir dos cartas de dos diferentes mujeres. El tendero de la bodega, quien es el narrador principal, comienza a crear conjeturas acerca de las cartas, y de la relación que existe entre el hombre y las mujeres. Las suposiciones crecen más aún cuando al pueblo llega por unos días una de las mujeres y al tiempo de irse esta llega la otra. Conforme la trama transcurre no solo el tendero conjetura, sino el enfermero, la mucama, todo el pueblo. Al final, el lector se lleva un chasco. Onetti remata con un final inesperado, casi burlándose de todo lo supuesto y jugando un poco con el lector.

He leído varias críticas y ensayos hechos al libro los cuales abundan más profundamente tanto en algunos puntos de la trama como en las trampas que el autor pone al lector. Así que me limitaré a lo escrito, pero eso sí, no sin antes recomendar esta novela corta pero profunda e interesante que es, sin duda, una lectura obligada.

Peace.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El mundo fantástico de Murakami



Tiempo ha que leí a Murakami. De hecho, me había tardado un poco en escribir acerca de Tokio Blues y 1Q84 (partes I y II), las únicas dos obras que me he leído de este escritor Japonés. El único otro libro que leí de autoría nipona fue Un grito de amor desde el centro del mundo de Kyoichi Katayama, que por cierto me pareció excelente.

Encuentro que tanto Murakami como Katayama son, aparentemente, un poco pesimistas en su visión del mundo, pero ambos persiguen un fin común: la búsqueda de la felicidad. En el mundo de Murakami, los personajes experimentan situaciones emocionales muy fuertes, como por ejemplo suicidios de seres queridos. Y de hecho, me llamo la atención que este tema del suicido aparezca de manera recurrente en las obras de Murakami.

Tokio Blues narra un poco la historia de un joven en busca de su identidad, de como sucesos inesperados lo atan a su pasado, y de como es que pugna por salir de ese amasijo de emociones. Es una historia entrañable, triste, y hasta en ocasiones con un erotismo subido de tono. Es extraño, pero el final de la obra me pareció si no previsible sí un tanto lógico y adecuado.

Por otro lado, 1Q84 es una historia donde Murakami hace uso un poco de la fantasía. La historia de los dos protagonistas—una asesina a sueldo y un profesor de matemáticas/escritor— se desarrolla en mundos paralelos, y este hecho, en mi opinión, es el ingrediente que sostiene toda la novela. Ahora bien, el autor en cierta manera trata de hacer una analogía entre su mundo(1Q84) y el mundo de 1984 de George Orwell, pero siento que esta este paralelismo queda un poco forzado. Es verdad que existen ciertos elementos que comparten ambas novelas, pero en general no tiene nada que ver una con la otra. Es una novela interesante, tanto por la fantasía como por el argumento y la historía de amor que se va entretejiendo a lo largo del relato. La verdad que no puedo esperar a ver como concluye Murakami, en la tercera y última parte, está historia que ha sido un boom en los últimos meses. Murakami ha sido un grato descubrimiento, así que habrá que leer algunas más de sus obras.

Peace.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Antología de cuentos de Horacio Quiroga


Ayer tuvimos potluck en la oficina. Todos, o más bien casi todos, trajeron algo para comer. El tema de este convivio consistió en que los nombres de las comidas debían o comenzar, o contener la letra F. Abundaron los postres: dos flanes, un pastel con flan (el mío), fruta, ensalada de fruta, pastel de chocolate (que no se qué hacia aquí puesto no le vi por ningún lado la letra F), y Florida keylime pie. De los platillos mejor ni hablar. Basta decir que no hubo suficientes, y los de los que hubo, algunos quedaron a deber. Sin embargo, la pasamos bien y comimos bastante.

La cuestión de lectura ha ido un poco lenta. Culpa de esto la tiene el nuevo juego que compré para el psp: Metar Gear Solid. Realmente que el juego esta buenísimo, pero demanda mucho tiempo. No es el típico juego donde te asignan una misión y comienzas a eliminar a los malos. No, el juego tiene un montón de opciones. Pero como no me voy a poner aquí a explicar cada una de ellas, o más bien ninguna, solo diré que si alguno le interesa, que lo consiga. La verdad es de lo mejor que he jugado en el psp.

Y hablando un poco de libros comento que antier por la noche terminé de leer una antología de cuentos de Horacio Quiroga que conseguí hace algunos meses atrás en una de mis escapadas furtivas a la librería. Realmente los cuentos son muy variados tanto en extensión como en contenido. El tipo escribe bastante bien; inclusive a veces un poco complicado para mi gusto. El cuento que más me gusto fue el último del libro y que es también es el más extenso de la antología: 'Miss Dorothy Phillips, mi esposa". Los relatos son un tanto crudos, y, en su mayoría, no tienen final feliz. Sin embargo, valió la pena leer el libro tanto para conocer al autor como por lo cuentos.




lunes, 15 de agosto de 2011

Rosaura a las diez



Ayer por la noche terminé de leer Rosaura a las diez de Marco Denevi. Debo comenzar diciendo que Denevi tiene su propio estilo, un estilo totalmente diferente al de otros escritores argentinos que he leído: Borges, Bioy Casares, Cortázar, Walsh. La novela, que quizá se podría categorizar como policiaca, está escrita de una forma no convencional. Cada capítulo muestra la declaración de diferentes personajes sobre un mismo hecho. Y al final, cada una de estas declaraciones van armando la trama. Hubo, quizá, un par de elementos que no del todo me parecieron verosímiles, pero al final de cuentas resulto ser una novela bien pensada, con cada uno de los protagonistas bien definidos, y con un amplio dominio del lenguaje por parte del autor. Es interesante notar que la voz de cada personaje cambia drásticamente. De tal forma que el vocabulario se hace más o menos elocuente dependiendo de quien hable. Y aunque este es un recurso ampliamente utilizado por muchos escritores, en el caso de Rosaura a las diez me pareció muy acertada la manera como el autor lo trabajó. Otra cosa interesante de la novela es la manera como el autor juega con la psicología de cada personaje, en especial del principal: Camilo Canegato. De hecho hubo un momento que pensé que Denevi metía un poco de realismo mágico, pero afortunadamente me equivoqué. Digo afortunadamente porque para una novela policiaca el realismo mágico como que no.

Ahora, debo de confesar que conforme fui leyendo la novela tuve un poco de sentimientos encontrados. Al principio me pareció interesante, a media novela me aburrió un poco, pero conforme el final se acercaba, mis expectativas, por conocer el desenlace y saber cómo cada una de las partes iba a encajar, crecieron considerablemente. De tal forma que la última tercera parte me la leí de un tirón. Y en cuanto a la manera de resolver la trama, sólo me resta decir que no pudo ser menos acertada.

En fin, otra más de policías.

A leer más y mejor.

martes, 5 de julio de 2011

Un sol descolorido

A Juan le gustaba recoger caracoles en la playa. Ese era su pasatiempo favorito y nunca le aburría hacerlo. Los caracoles eran variados y bonitos, y siempre había nuevos para recoger. También le gustaba mirar las embarcaciones que llegaban al puerto. Eran grandes y blancas, pero a Juan le gustaba imaginarlas pequeñas para que así él pudiera jugar con ellas. Una noche, después de pasar la tarde en le puerto, Juan soñó un sueño, un sueño muy peculiar. Soñó que en un lejano lugar, mucho más allá de su aldea, en un lugar donde la gente se viste y habla diferente, donde las casas y los edificios son altos, un niño pequeño con pantalones graciosos y manos muy blancas construía una barca de papel con un sol dibujado en la proa. En su sueño al principio llovía, pero cuando dejo de llover vio que el niño de manos blancas y pantalones graciosos soltaba la barca en la corriente que se había formado en la calle. La barca no era muy grande, más bien era pequeña pero bien hecha. El niño de los pantalones graciosos y manos muy blancas aprendió bien de su padre como construir un buen barco de papel. Por lo tanto, la barca era, dentro de lo que se podía esperar de una barca de papel, bastante resistente. Juan veía como la barca se desplazaba veloz por el arroyo mientras que el niño de pantalones graciosos y manos muy blancas corría junto ella. Los zapatos del niño de pantalones graciosos y manos muy blancas tropezaban de vez en vez tratando de alcanzar el barquito que avanzaba vertiginosamente hacia el riachuelo donde el niño de pantalones graciosos y manos muy blancas pescaba con su padre los domingos. Juan temió en su sueño por el barquito de papel. Pensó que se hundiría o se haría daño al llegar al riachuelo, pero el barquito de papel dejó atrás los zapatos del niño de pantalones graciosos y manos muy blancas para navegar y internarse en el río. Ahora, en el sueño de Juan sólo quedaban el barquito de papel y el riachuelo por donde navegaba. Había rocas, arbustos, ramas, y muchos árboles en derredor. El barquito seguía su rumbo a un ritmo constante librando todos los obstáculos. Cuando por fin el barquito, después de navegar en el río por mucho tiempo, llegó al mar, Juan despertó de su sueño. A la mañana siguiente Juan estaba muy contento por el sueño que soñó, y porque el barquito no se hizo daño y llegó con bien al mar. Fue a la playa a buscar caracoles, y, justo cuando comenzaba su recolección, vio sobre la arena un barquito de papel con un sol descolorido dibujado en la proa, era el mismo barquito que el niño de pantalones graciosos y manos muy blancas había hecho en su sueño.

Mañana en al batalla piensa en mí.


Antenoche terminé: Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías. No sé muy bien como sentirme respecto al libro. Por un lado me pareció un poco cansino por el hecho que la historia fluye un poco entrelazada con los diálogos internos del personaje principal. Ahora, esto no es necesariamente malo, porque las metáforas y pensamientos del personaje son bastante interesantes, aunque también es cierto esos mismos pensamientos a veces resultan un poco superfluos. De hecho, por la manera como la historia esta narrada, me recordó un poco el mundo de Saramago, donde los personajes tienden a hacer largas reflexiones de temas diversos. Por el otro lado, la historia hasta cierto punto resulta verosímil y el final me pareció muy adecuado.

No es de esos libros que se pueden leer rápidamente y, más bien, se tiene que prestar cuidado cuando el personaje cavila y rumia para realmente empaparse de lo que el autor quiere trasmitir.
De cualquier manera me pareció un interesante ejercicio de lectura y bueno en general. No por nada ha ganado premios, y los que saben, lo consideran muy bueno.

En fin, fue un buen inicio para conocer un poco la obra de Marías.