Hoy, en el primer día del año, publico el listado final de los libros que leí en el 2009. Lamentablemente no pude superar el reto que vengo persiguiendo desde hace dos años: leer 50 libros en un año. Queda para el 2010 la tarea de superar los 50.
Incluyo las reglas para el reto de leer 50 libros en un año.
No vale leer aposta para llegar a 50.
Sólo valen los libros que te apetezca leer, no vale leer para rellenar.
Valen las relecturas.
Vale cualquier tipo de libro.
No vale planificar.
Pasa de las reglas.
He aquí los libros que conseguí leer en el 2009. Con negritas están los libros que más me gustaron.
1 Pausa renovadora, Clifford Goldstein 2 Los diez mandamientos ¿Y si lo hiciéramos a la manera de Dios?, Loron Wade 3 La caverna, José Saramago 4 La insoportable levedad del ser, Milan Kundera 5 Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson 6 Un grito de amor desde el centro del mundo, Kyoichi Katayama 7 La chica que soñaba con una cerilla, Stieg Larsson 8 Estrella distante, Roberto Bolaño 9 Watchmen, Alan Moore y Dave Gibbons 10 La Hojarasca, Gabriel García Márquez 11 Ensayo sobre la ceguera, José Saramago 12 El jugador, Fedor M. Dostoievski 13 Ficciones, Jorge Luis Borges 14 El Zarco, Ignacio Manuel Altamirano 15 Las pequeñas memorias, José Saramago 16 La reina en el palacio de las corrientes de aire, Stieg Larsson 17 Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Pablo Neruda 18 La soledad de los números primos, Paolo Giordano 19 Nickel and Dimed, Barbara Ehrenreich 20 La historia de la redención, Elena G. de White 21 The No. 1 Ladies' detective agency, Alexander McCall Smith 22 El Marx desconocido, Richard Wurmbrand 23 Balzac and the little chinese seamstress, Dai Sijie 24 Pedro Páramo, Juan Rulfo 25 Feminism is for everybody, Bell Hooks 26 Vanya, Myrna Grant 27 El libro de arena, Jorge Luis Borges 28 The 7 habits of Highly effective people, Stephen R. Covey 29 Clave para un amor, Adolfo Bioy Casares 30 La familia de pascual duarte, Camilo José Cela 31 La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares 32 Sol, piedra y sombras. Veinte cuentistas mexicanos de la primera mitad del siglo XX, (Editor) Jorge F. Hernández 33 1984, George Orwell 34 High Tech Heretic, Clifford Stoll
Por decencia no incluí Emotional Intelligence de Daniel Goleman, porque a pesar de haber leído el 90% de libro, falto el 10% restante, que por cierto no pienso leer. Ahora mismo tengo dos libros comenzados: El hombre de duplicado, de José Saramago y Las Fábulas, de Samaniego, los cuales pienso terminar en los próximos días, y así, aventajar un poco el año jeje (no resulté tan decente despues de todo).
Para este año quiero continuar leyendo a Saramago, por supuesto a Borges, los cuentos de Kafka, y un libro de Alfonso Reyes titulado El Plano Oblicuo. También, quiero terminar Rayuela de Cortazar, y comenzar con El Quijote (mi meta imposible). En fin, hay mucha tela de donde cortar; tengo como vienti tantos libros esperando en el librero y otros más en formato electrónico.
Pero nada, los mejores deseos para el año que comienza, y a leer más y mejor.
Desperté sobresaltado y sólo vi oscuridad. Un olor familiar se paseaba en el aire: como un aliento frío, callado, solemne. Excepto por algunas personas que estaban en las bancas adelante de mí, el lugar estaba prácticamente desierto. Atónito, falto de comprensión, miraba en rededor mío tratando de entender en donde diablos estaba. Noté como largas columnas se extendían cómodamente hacia la cúpula. También, había vitrales con detalles de santos y cruces clavados sobre los muros. En un instante me quedó claro que estaba dentro de una iglesia—por el tamaño más bien sería una catedral. Aun y con mi desatino, de alguna forma me daba la impresión de haber estado allí con anterioridad ¿de niño quizá? Dirigí mis pasos a la salida, y en cuanto alcance el umbral entendí: frente a mí estaba la plaza de armas (¿significaba eso que había despertado en la catedral?). Caminé un poco más hacia afuera para ver la fachada del edificio. Sí, era la catedral.
Había pasado del estupor al regocijo. Ahora me encontraba deambulando por la plaza con una notable sonrisa sobre mi rostro. No lograba entender como había sido posible todo esto, sin embargo, una explicación no era lo fundamental. El punto es que estaba allí nuevamente: en la ciudad que me vio crecer. Miraba a las personas en su ir y venir. Encontré que en ese vaivén tan cotidiano, que en esa cadencia tácita había algo hermoso y único—como si la gente de cada ciudad tuviera su propio ritmo. Cientos de veces anduve por esa plaza donde caminaba ahora, pero al mismo tiempo parecía la primera vez. La gente, los edificios, el atardecer mismo. Todo se manifestaba tan familiar y tan nuevo; tan vívido y tan irreal.
Supongo que por algún descuido de mi concentración, de un instante a otro pase a estar en un nuevo lugar. Ahora me encontraba sentado en una banca mirando a la estación de ferrocarril. No había duda: ahora estaba en la alameda central. Los cientos de pájaros volando, los árboles que se erigían hacia los cielos en llamas dibujaban un paisaje conocido. Recordaba las veces que anduve por allí. Tristemente, mi memoria es de más efímera, de lo contrario diría que soy capaz de rememorar cada uno de los detalles. Conservo más bien una especie de memoria colectiva, una imagen velada de las cosas—pero satisfactoria.
Nuevamente, de un momento a otro (acaso una nueva falta de concentración), pase a estar en la presa San José. Justo sobre la cortina y mirando hacia las montañas. Aquí vine mucho de niño con mis padres y con amigos. Ya fuera simplemente a comer las típicas gorditas, o bien a realizar el recorrido sobre la cortina. Y de la misma manera que lo fue antes lo sigue siendo hoy: un placer cada visita.
Cerré los ojos fuertemente pensando que un esfuerzo consciente me permitiría ir a otro lugar de la ciudad, pero todo fue en vano. Al abrirlos volví a estar en mi cama. ¿Acaso todo había sido sueño? No, al menos no quiero pensar que fue un sueño. Quiero más bien pensarlo como un suceso fantástico. Quizá por lo real de la experiencia; quizá sólo por melancolía. De cualquier forma, sueño o suceso fantástico, cuando pienso en él sonrío y vuelvo a estar en mi bella ciudad, San Luis Potosí.
No quiero esperar hasta el final de año para hacer un recuento de los descubrimientos literarios logrados en este 2009. Por lo que, he aquí, un recuento literario temprano en vísperas del año nuevo.
Menciono que no quiero esperar a fin de año principalmente por tres razonamientos. Primero, esta vez me ha tomado más de un mes volver al blog, y quizá no encuentre las ganas de hacerlo antes de año nuevo. Me sería fácil argüir falta de tiempo, pero para ser sincero es más bien falta de ganas, o simplemente falta de determinación. Segundo, tengo visitas en un par de semanas porque lo que me será difícil sentarme a escribir lineas similares a estas aun y cuando tuviera la intención de hacerlo. Y por último, tengo que terminar mi ensayo final para la materia de Inglés; además, también tendré que estudiar para el examen final que tendré en tres semanas. Así que, habiendo expuesto mis argumentos, encuentro si no válido, al menos una tentativa para justificar estas lineas.
La mayor parte de los autores que leí en este año fueron nuevos para mí, y aunque volví a leer algo de Saramago y Goldstein, también me rencontré con Rulfo, Márquez y Neruda; la serie Millenium de Larsson añadió suspenso a mis lecturas; y por supuesto, descubrí a Borges, Bioy Casares y Kundera.
Hubo también otras lecturas gratas. La soledad de los números Primos de Paolo Giordano tuvo un excelente final; Un grito de amor desde el centro del mundo de Kyoichi Katayama fue de lo más conmovedor que he leído; Nickel and Dimed de Ehrenreich me pareció interesante y revelador; y aunque en un principio califiqué de porquería la novela Estrella distante de Bolaño, ahora entiendo que el libro no es tan malo —quizá fue una epifanía que demoro en llegar.
El autor que más me impacto este año fue Borges. A pesar de haber leído solamente Ficciones y El libro de Arena, encuentro que no hay parangón para su imaginación, manejo del lenguaje e inteligencia. El tipo exuda literatura en cada frase. Sin duda es un genio.
En este año he combinado la lectura electrónica con la tradicional, si no me equivoco leí siete libros en el reader. El resto fueron libros que ya tenía, o saqué de la biblioteca, o adquirí nuevos. El próximo año será más o menos similar, ora leyendo en papel, ora leyendo digital.
También tengo algunos libros comenzados esperando a que los termine (bueno, no se si están esperando a que los termine, más bien yo los quiero terminar) entre esos: Rayuela de Cortazar, Casi un Objeto de Saramago, y Las fabulas de Samaniego. No creo posible terminarlos todos antes de navidad, quizá uno o dos. Será para el próximo año.
Otro aspecto que vale la pena mencionar, es que mi lectura se ha vuelto más ecléctica; he combinado poesía, cuentos cortos, lecturas de carácter social, libros religiosos, y hasta hubo novela gráfica por ahí. No han sido solamente novelas las que he leído, y de algún modo concertar diferentes géneros literarios enriquece y hace aún mas interesante al hábito de la lectura.
Lo que sí tengo que leer en los próximos días es una antología de cuentistas mexicanos que saqué que la librería, esta por vencerse y tengo que devolver el libro. Se ve prometedor: 20 cuentos por 20 cuentistas mexicanos. No están todos, pero sí algunos de los más importantes.
En fin, ha sido un buen año. El próximo lo comenzaré con renovada lozanía y haciendo gala de mis nuevas técnicas de lectura rápida. Vaya, con el firme propósito de leer más y mejor.
Pensaba en esa noche oscura que te engullía con su densidad; dejándome sólo tu recuerdo para alimentar mi ficción.
Alberto...
Imaginaba esos juegos pueriles donde tus labios rozaban mi mejilla al tiempo que me sonrojaba irremediablemente.
Alberto...
A fuerza de esperar por ti desarrolle la paciencia; cuántas veces no contemple tus ojos tratando de ver lo que encerraban ―para solo encontrarme con una negrura inexpugnable.
Alberto...
Acercaba mi oído a tu pecho para escuchar tus latidos, leves, casi imperceptibles; fue cuando comprendí lo pequeño que era tu corazón.
Alberto...
Te miraba al anochecer: apacible, tus ojos taciturnos; no sabía si flotabas en un sueño o morías un poco.
Increíble que aun sigo narrando los hechos del primer día en Europa; supongo que después de todo sí había algo que contar.
Continuo.
Una vez hubimos terminado la visita a Köln, nos dirigimos ciudad de Hamm, a la casa de Jessica y Jaro, y a lo que habría de ser nuestro centro de operaciones en Europa.
El trayecto lo cubrimos en poco menos de hora y media, y para cuando llegamos a Hamm, el sol estaba apunto de ponerse y la temperatura había descendido al punto de ser necesario un suéter.
La ciudad de Hamm, es la típica villa Alemana. Casi todas las casas están construidas de manera similar: un techo de dos aguas con teja marrón o café y ventanas abuhardilladas que sobresalen ya sea por el frente, detrás, o a los costados, paredes de ladrillo de tonos rojizos y oscuros, sin patio frontal, mas en la parte de atrás, se pueden apreciar verdes jardines muy bien cuidados y delimitados con cercas de madera. La casas son como de cuento de hadas.
Jessica y Jaro tienen su departamento en un edificio compacto de tres pisos, dos departamentos por piso, y un sótano común para lavandería. Los carros se pueden estacionar al frente de la calle o en las cocheras (que parecen más bien contenedores en un puerto marítimo) que están al lado del edificio.
Bajamos las maletas del auto y subimos al departamento. Lo primero que note al entrar fue el pulcrísimo piso de madera (no se si era parqué) y lo bien decorado que estaba el depa, amueblado tipo catálogo de IKEA, muebles claros de lineas minimalistas; moderno pero acogedor. Según nos comentaron, el edificio fue construido un par de años atrás, por lo que todo se ve bastante nuevo.
Nuestros anfitriones prepararon una cena típica alemana que consistió en: un rollo de carne de res sazonada, guarnición de betabel y una especie de puré de papa de consistencia chiclosa. No recuerdo el nombre de la comida, estaba en alemán, y resulte malísimo para los nombres germánicos. Lo que sí recuerdo es que todo estuvo exquisito. Habrá que volver por más.
Después de la cena, los papas de Jessica vinieron a conocernos. Fue interesante pasar casi una hora entera e intercambiar, ayudados por mímicas y gestos, unas cuantas frases. Claro que Jaro o Jessica nos sacaban del apuro traduciendo cuando de plano mis pantomimas resultaban exiguas.
Las visitas se despidieron (no sin antes tomar la foto oficial de grupo), nos bañamos e instalamos en nuestro cuarto, y por fin, a las 12 de la noche del mismo que llegamos, después de 11 horas de viaje, una visita fugaz a Köln, una cena típica alemana y la visita de los padres de nuestra anfitriona, nos fuimos a la cama, sólo para despertar 4 horas después y alistarnos para lo que sería nuestro viaje a París.
Finalmente aterrizamos en Düsseldorf. Después de casi 11 horas salimos del avión para dirigirnos a recoger las maletas no sin antes hacer fila por casi 40 min. antes de pasar a migración. Aunque bueno, eso de hacer fila más bien fue estar amontonados entre un alud de gente que se atiborraba en el pasillo y una especie de sala de espera pequeña. Diría yo, que más que fila, fue hacer bola.
Afortunadamente para visitar Alemania no es necesario tramitar previamente ningún tipo de visa, básicamente nos preguntaron si veníamos de visita, por cuanto tiempo, y cuanto dinero traíamos. En menos de 1 minuto estábamos legalmente en el país.
Una vez hubimos recogido las maletas, nos enfilamos a la salida, al comienzo de lo que serían 7 días de mucho caminar, manejar sin limite de velocidad y experimentar un poco la cultura europea. En cuando cruzamos el umbral estaban Jessica y su novio Jaro con un letrero de bienvenida que tenia la bandera alemana de fondo, una foto nuestra de un lado y un "welcome" en el otro. Además, traían, para cada uno de nosotros, una especie de collar hawaiano pero con los colores de la bandera alemana, muy lindo detalle de su parte.
Nos saludamos, Jessica nos presento a su novio, intercambiamos algunas palabras de cordialidad y listo, a buscar el carro para ir a Köln, a conocer una de las catedrales más antiguas de Europa.
43 kilómetros es la distancia que separa a Düsseldorf de Köln, nuestro destino próximo. Lo primero que note, es lo bien que están construidas las carreteras en Alemania, amplias, con pocas curvas, muy bien pavimentadas, en excelente estado para resumir. Lo segundo, que en la mayor parte de las autopistas Alemanas, no hay limite de velocidad. Un podría pensar que se va rápido a 160 km por hora, hasta que por el carril izquierdo un BMW rebasa a 200 o 220. Y sí, como en todos lados hay accidentes, pero según Jaro, nuestro anfitrión, las estadísticas favorecen el no tener limite de velocidad. Así que cuando la carretera estaba libre de construcciones o reparaciones, que por cierto son muy comunes en esta época del año según nos comentaron, nuestra velocidad promedio era 150; no sólo la nuestra, sino la de la mayoría de los automovilistas.
Es muy común que las ciudades europeas tengan un ríos, lagos o canales en ellas o en sus linderos, y Köln no es la excepción, y es lo primero que se aprecia al entrar. También, la ciudad cuenta con un teleférico que atraviesa el río, lamentablemente no hubo tiempo de subir, y nos limitamos a verlo a la distancia.
Después de medía hora de viaje, llegamos al centro y con esto a la catedral. Estacionamos el carro en el subterráneo, y nos dispusimos a subir a la plaza para encontrarnos con lo que a primera vista, debido al ángulo de visión, parecía una altísima y oscura torre gótica; allí estaba por fin, la catedral de Köln. El área donde esta situada la catedral, esta compuesta por una plaza, un museo, (que por cierto no recuerdo de que era) y unas cuantas tiendas comerciales, pero nuestro interés era básicamente la iglesia, así que nos dirigimos allí.
Entramos al edificio y un olor a humedad de mucho años impregnaba el lugar, y no es exagerada la hipérbola cuando digo "de muchos años", porque la catedral tiene casi 1 milenio de antigüedad. Como toda iglesia católica, los techos eran altísimos, especialmente los de la cúpula central (basta ver algunas de las fotos que subí a facebook), no se exactamente que dimensiones tenga pero es quizá una de las iglesias más grandes que he visitado. Y es que tengo fascinación por las iglesias, especialmente las antiguas, transmiten una especie de solemnidad y mística ancestral.
Luego de recorrer todo el interior del edificio, y haber admirado las pinturas y vitrales, salimos sólo para volver a entrar, esta vez a un anexo de la catedral por el que teníamos que bajar para llegar a un pequeño museo-tienda, donde se exhibían algunas excavaciones antiguas y planos de la catedral, se vendían souvenirs, y en donde estaba la entrada a las escaleras de la torre que habíamos de subir. La idea era ascender por los 500 y pico de escalones para ver el campanario de la iglesia, y un poco más arriba la vista panorámica de la ciudad.
Subir 500 estrechísimos escalones, con gente bajando al mismo tiempo que nosotros subiendo, y ventilación casi nula, es en si mismo una aventura. Llegamos al campanario, donde se aprecia una campana gigante que es la responsable de anunciar las misas y celebraciones, aquí pudimos respirar un poco y descansar del ascenso. Continuamos hasta lo que es una especie de explanada dentro de la torre, una antesala a la cima donde construyeron una escalera extra en el centro del lugar para ascender ya que las escaleras originales que van de esta antesala a la cumbre, son demasiado pequeñas para permitir el ascender y descender al mismo tiempo, por lo que solo se usan para descenso.
Por fin, después de mucho sudor, con las piernas temblorosas y el espíritu un tanto fatigado, llegamos a la cumbre. Tristemente, no se pueden apreciar el paisaje en su mejor forma. El balcón, en su totalidad, esta cubierto por una malla metálica, y según me comentó Jaro, fue añadida recientemente ya que mucha gente subía a lo alto de la torre solo para suicidarse después. Increíble pero cierto.
Bajamos de la torre y recorrimos una de las callejuelas (cerradas al tránsito vehicular) donde había tiendas de ropa, zapaterías, restaurantes, panaderias, etc. La ropa en Alemania es sumamente cara si se le compara con los precios en Estados Unidos, asimismo el calzado. Algo que cuesta en EUA 50 dlls, puede costar en Alemania 70 euros o más. La comida diría que no es cara, pero hay que tener en cuenta el cambio a dolares de cualquier forma.
Caminamos un par de calles y entremos a un par de tiendas a curiosear, y en una de ellas compré un imán de la ciudad (obligado para mi colección que tengo en el refri). Y nada más, de hecho esa fue la primera compra que hicimos en Europa y la única de ese día.
Como comentario final, y quizá a manera de colofón patético antes de terminar la narración de hoy, debo decir que el collar que nos obsequiaron en el aeropuerto lo traje colgado durante toda la visita a Köln, por lo que era fácil identificarme como turista, aunque realmente a nadie le importo que lo fuera. Al menos fue un gesto de mi parte para corresponder al detalle.
Mañana continuaré con más de estas aventuras de cansancio, compras y suicidio.
Finalmente, después de estar a la expectativa por algunas semanas, hicimos, exitosamente, el viaje al viejo continente.
Y menciono eso de estar a la expectativa porque debido a que el proyecto en que estoy trabajando esta en su fase final con algunos detalles que terminar y a que hace un par de meses tomé algunos días para ir a México, era muy probable que no me autorizaran las vacaciones, pero adopte una actitud estoica, y al final, el bien prevaleció.
También debo mencionar que el viajar a Alemania no estaba exactamente lo que se dice "programado" para este año. Fueron, más bien, una serie de circunstancias fortuitas lo que nos llevaron a decidirnos. Primero que nada, el hecho de que consiguiéramos los boletos sumamente baratos (era algo que no podíamos dejar pasar). Segundo, ya teníamos algún ahorro en euros desde el año pasado. Y por último, Jessica, nuestra amiga alemana, tenia vacaciones, así que además de recibirnos en su casa, nos acompañaría en nuestra conquista por Europa.
Comienza la aventura.
Salimos el lunes ante pasado rumbo al aeropuerto como a eso de las 3 de la tarde, el vuelo era a las 6 así que como diría mi amigo coquí: teníamos un tiempazo. Debido a que todo mundo estaba trabajando, fue imposible conseguir un aventón.Tuvimos que Dejamos el carro en el estacionamiento del lote B del aeropuerto (es el más barato), y de allí tomar un autobús a la terminal. (De aquí me voy a saltar directamente hasta el momento en que abordamos y estábamos a punto de despegar).
Para comenzar, todo estaba en alemán, desde las revistas que obsequiaban hasta el saludo que la sobrecargo nos dirigió al abordar, claro que algunas cosas las traducían al inglés. Se podría decir que la experiencia europea había comenzado.
El vuelo duraría 11 horas. Las primeras 5 ó 6 se me pasaron rapidísimo, alternando entre la lectura de Nickel and Dimed (mi primera tarea para la clase de inglés), jugando Virtual Tennis en el PSPy las películas del avión. Las últimas 5 horas, se fueron entre tratar de dormir (y soló tratar porque nunca he podido dormir en los aviones) y esquivar a las personas que transitaban por el pasillo, especialmente los sobrecargo que fueron y vinieron frenéticamente durante todo el vuelo.
Cuando no estaban pasando películas, en los monitores mostraban un mapa de la ruta que estábamos siguiendo y los lugares que sobrevolábamos. Además, mostraban el tiempo aproximado de llegada, la velocidad y altura del avión, y temperatura exterior, esta última no subía de los -50 Celsius. Ignoro si toda esa información es estándar de algunos compañías aéreas o si depende de cada vuelo, y si sólo es para entretener a aquellos desesperados como yo que todo quieren saber. De cualquier forma funcionó y me amenizó el viaje.
Cada que venían sobrecargos a ofrecernos bebidas o alimentos, era lo mismo, preguntaban en alemán y respondíamos en inglés; yo diría que el 90% de los pasajeros era alemanes, quizá por eso olvidaban que no entendíamos ni jota de alemán. Pero eso sí, muy amables en todo momento.
Detendré aquí la narración porque quiero complementar con algunas fotos el momento de la llegada y lo acaecido en el primer día en Alemania.